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Adoración diaria

HORARIO
Todos los días de 12:30 a 22:00
Excepto:
Miércoles de 15:00 a 22:00
Domingos de 14:00 a 22:00

“DIOS MIO YO CREO,  YO ADORO, YO ESPERO Y YO OS AMO, Y OS PIDO PERDÓN POR LOS QUE NO CREEN, NO ADORAN, NO ESPERAN Y NO OS AMAN”

San Alfonso María Ligorio nos dice que adorar a Jesús en el Santísimo Sacramento es lo más grande después de los sacramentos, lo más apreciado por Dios y lo más útil.  Nos dice que todos los sacrificios y penitencias que podamos ofrecer durante el día, valen menos que el tiempo que dedicamos a la Adoración Eucarística.

Comprender esto, es dejar todo para quebrar el "frasco” ante el Señor como María de Betania (Jn 12,8). Ungir a Jesús es lo más importante, más que todas las cosas buenas que podamos hacer por Él porque son las que llenan de aroma a la Iglesia en su cabeza que es Cristo.

Muchas veces corremos el riesgo de descuidar a Dios mismo por ocuparnos de sus cosas. Jesús en la Hostia Consagrada es su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad glorificada por el Padre, es toda su potencia creadora la que se despliega sobre aquello que le presentas en tu adoración sincera. Aprovecha más a tu alma y a la de los demás este perfume que derramas, es el apostolado más efectivo.

Esta "unción" tan delicada es la reparación que reclama el Corazón Eucarístico de Jesús, que tengas en Él tu primacía. Y que todo lo que hayas de hacer después durante el día para llenarle de Gloria, sea una prolongación de esta Adoración Eucarística en la que nunca le dejes solo, sino que tenga "su delicia en estar con los hijos de los hombres" (Pr 8,13).

Esta Basílica es un lugar privilegiado para que te muestres libre ante las opiniones de quienes piensan que quebrar "el frasco" es derramamiento inútil y estéril. El beato Bernardo F. de Hoyos nos dice  en una de sus revelaciones, que Jesús decidió mostrarnos el Amor de su Corazón en el mismo instante que determinó quedarse en la Eucaristía. Su intención fue muy sencilla: avivar, renovar y encender en los fieles el culto eucarístico para que donde iba a ser despreciado y ofendido, fuera también consolado y reparado. Precisamente este templo, por su cáracter expiatorio,  está más llamado a responder a esta intención de Jesús.

Contemplar su Presencia real y sustancial, es entender el tesoro que soy para Él y para su vida, que ya no la concibe sin mí. Donde estoy yo, que soy su tesoro, allí está su Corazón Eucarístico vivo y palpitante (Mt 6, 21). ¡Hagamos nosotros también del suyo nuestro tesoro, para que nuestro corazón esté siempre con Él!

"La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este Sacramento de Amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las graves faltas y delitos del mundo. No cese nunca vuestra adoración". (San Juan Pablo II)

¡Cree, adora, espera y ama!