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Vírgenes Oferentes de la Basílica y Peticiones de sus Lámparas

¿QUÉ ES LO PROPIO DE UNA LÁMPARA?... VELAR

 "Dichosos los que velan en espera del Señor como las vírgenes sensatas, cuyas lámparas se mantienen encendidas" (Mt 25, 1-8).

 

Precisamente en la Basilica existen dos monumentos de alabastro a ambos lados del altar dedicados a las "lámparas de las vírgenes oferentes" que muestran su carácter expiatorio, en el que "día y noche" se ha de velar ofreciendo sacrificios como "calmante de suave aroma" (Nm 15) para reparar por los pecados con los que Jesús es ofendido y elevar continuas súplicas por la conversión de los pecadores.

En este templo estamos llamados a VELAR orando sin desfallecer (Lc 18,1).

Sabemos que el sacrificio que más le agrada a Dios es un espíritu contrito, "un corazón quebrantado y humillado, Dios no lo desprecia" (Sl 50). Se trata de reconocer nuestro pecado y el de nuestros hermanos, dolernos por ellos, pedir perdór reparando las heridas que hemos causado y suplicar su "Gracia y Misericordia" para alcanzar la conversión de los corazones. Es un ponerse en la brecha frente a Dios intercediendo por el pueblo, como Moises ( Sl 105).

La intención: custodiar su Promesa de reinar atrayendo la Paz sobre la humanidad herida y en especial para nuestra nación, que Dios se acuerde de nosotros con Misericordia (Sl 24).

El ideal: ser imagen de la "Virgen Oferente", que es la Virgen María ( Pablo VI, " Marialis Cultus").

 Peticiones de impetración y expiación de las lámparas encendidas

de la Basílica de la Gran Promesa:  

 

"Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia,

 para alcanzar misericordia y hallar gracia para la ayuda oportuna" (Hb 4, 16).

 

Por la Iglesia Universal

1. Por la Iglesia de Dios, para que sea santa e inmaculada en todos y cada uno de sus miembros. Por la Iglesia divida, para que Dios la lleve por caminos de renovación hacia la unidad y conversión y pueda dar testimonio para que el mundo crea.   

 

Por el Santo Padre 

2. Por el Santo Padre, para que Dios rico en misericordia, custodie su persona y ministerio en la fidelidad al Magisterio y Tradición de la Iglesia, y sea benigno ante sus debilidades, propias de su condición humana.  


Por los pastores del Pueblo de Dios 

3. Por los pastores, para que a imagen de Cristo Buen Pastor, muestren al mundo su corazón manso y humilde. Y por aquellos que  heridos por el pecado, dispersan a las ovejas encomendadas a su custodia y abandonan el culto a Dios (Mt 26,31).  


Por los consagrados

4. Por aquellos que han recibido una especial vocación de consagración al servicio del Cuerpo de Cristo, activa o contemplativamente, para que sean fieles a su vocación y olvidándose de sí vivan en santidad de vida según requiere su condición.   

  

Por todos los cristianos 

5. Por todos los cristianos, para que sean fieles a su condición de hijos de Dios. Por todos los que llamados a revelar el Rostro de Dios, por su inmoralidad y pecado, lo están velando oscureciendo su imagen. 


Por las familias

6. Por las familias, para que a ejemplo de la familia santa de Nazaret, sean hogares donde Dios sea el centro y se cultive el cuidado solicito y la capacidad de sacrificio. Por las familias divididas y heridas por el orgullo y la soberbia que no saben perdonar ni respetar.


Por los pobres

7. Por aquellos que  viven en la pobreza espiritual  o material, para que se acojan a la bondad de Dios. Por los que faltan a la caridad con los pobres y necesitados de compasión con los que Jesús se ha identificado (Mt 25,40). 


Por los enfermos 

8. Por todos aquellos que viven configurados a Cristo crucificado en el cuerpo o en el espíritu, para que sostenidos en su debilidad y ofreciendo sus sacrificios, cooperen con Cristo en la redención del mundo. 


Por los cristianos perseguidos

9. Por aquellos cristianos que sufren persecución y martirio por su fidelidad a Cristo, para que su sangre derramada no sea infecunda y se constituya en germen de santidad para la iglesia y el mundo.

 

Por los viudos y los huérfanos 

10.  Por aquellos que viven en soledad, por viudedad u orfandad, para que acogiendo con espíritu generoso su condición de vida, sepan dedicarse al servicio de la caridad en favor de sus hermanos.  


Por los que no creen o han dejado de creer

11.  Por los que no quieren creer pese a las obras y enseñanzas de Jesús porque prefieren vivir entregados al pecado resistiéndose al Amor de Dios (Jn 16, 9). Por los que usurpan el Nombre de Dios arrastrando a muchas almas a falsas doctrinas (Mc 13,5); y los que abusan de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía. 


Por los gobernantes de las naciones

12.  Por la conversión de los gobernantes que no buscan el bien común escandalizando a los más pequeños (Mt 18,7). Por los que aprueben leyes que atentan contra la vida desde el primer instante de su concepción hasta su último aliento en esta tierra.  


Por los pecadores

13.  Por los que viven en el robo, la mentira y el engaño rehusando de la Verdad que santifica (Jn 17,19). Por los que persiguen el cuerpo de Cristo, en cualquier de sus manifestaciones, y queriéndole dar muerte creen que así dan culto a Dios (Jn 16, 2).   

 

Por los atribulados 

14.   Por los que viven en cualquier tribulación, para que Dios Padre todopoderoso libre al mundo de toda falsedad, del hambre y la miseria. Custodie en su Corazón a los que sufren los horrores de la

guerra, de las dictaduras crueles, de la tortura, del terrorismo, y de toda violencia. Y consuele a los encarcelados, emigrantes y los que son tratados injustamente por los hombres.   

 

Oremos. Oh Dios, fuente y origen de toda luz, que nos has mostrado a Cristo, luz de las naciones, dígnate santificar con tu bendición estas lámparas encendidas; acepta los deseos de tu pueblo en cada una de ellas como suplica de impetración por el bien de nuestros hermanos y de reparación ante nuestras debilidades, para que caminando por la senda del bien podamos llegar a la luz eterna sin ocaso. Por Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén