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El Magisterio de la Iglesia

A lo largo de la Historia, son varios los Papas que, hasta finales del siglo XIX, han recomendado y alabado esta Devoción, entre ellos Inocencio XII (+1700), Benedicto XIII (+1730), Clemente XIII (+1769), Pío VI (+1799) y Pío VII (+1823). Pero es a partir de finales del siglo XIX cuando los Pontífices más han hablado sobre ella y la han promovido.

Así después de las cartas de la Beata María del Divino Corazón (1863-1899) con la petición, en el nombre del propio Cristo, para que el papa León XIII consagrara el mundo entero al Sagrado Corazón de Jesús, el pontífice designó comisiones de grupos de teólogos para examinar su petición sobre la base de la revelación mística y la tradición sagrada. Siguiendo la revisión teológica, León XIII, en su encíclica ''Annum Sacrum'' (25/05/1899) explicó la importancia de la consagración al Sagrado Corazón de Jesús y  el 11 de junio del mismo año consagró el mundo.

 

Pío XI (+1939), escribió las encíclicas: “Quas Primas” (1925) , en la que establece la fiesta de Cristo Rey y que se renueve la consagración de la humanidad al Corazón de Jesús en esta fiesta; “Misserentissimus Redemptor” (1928), en la que habla sobre la reparación al Corazón de Jesús y “Caritate Christi compulsi” (1930), en la que explica la necesidad de la reparación como remedio para las necesidades de la humanidad.

Afirma que en esta Devoción se encierra la síntesis de toda la religión y la norma de vida más perfecta.

Pío XII (+1958) desarrolla en su encíclica ''Haurietis Aquas'' (1956) el culto al Sagrado Corazón, es una exposición integral  de esta Devoción. Va a ser el objeto principal y el ideal de su Pontificado. Esta encíclica se ha convertido de estudio obligado para quien desee conocer a fondo la posición de los papas sobre esta Devoción. En ella podemos ver la síntesis de todo el misterio de nuestra redención y es la más completa profesión de la religión cristiana.

 

Juan XXIII (+1963) afirma que “es una nueva luz, una llama de vida suscitada por el Señor para romper providencialmente la tibieza de los tiempos”.

El Concilio Vaticano II tiene alguna alusión explícita al Sagrado Corazón. En sus documentos encontramos que el Hijo de Dios “amó con corazón de hombre” (GS.22); y que “el nacimiento y desarrollo de la Iglesia, está simbolizados en la sangre y el agua que manaron del costado abierto de Cristo crucificado” (LG.3).

Pablo VI (+1978): “Este culto debe ser estimado en grado sumo por todos como la excelente y auténtica espiritualidad que exige nuestro tiempo, conforme a las normas insistentes del Concilio Vaticano II”. 

En el Catecismo de la Iglesia Católica, punto 478, leemos: Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros: "El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20). Nos ha amado a todos con un corazón humano. Por esta razón, el sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación (cf. Jn 19, 34), "es considerado como el principal indicador y símbolo...del amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres''.

San Juan Pablo II (+2005) ha hablado con mucha frecuencia del Corazón de Cristo ya desde su primera encíclica “Redemptor hominis” (1979) y ha sido el gran impulsor de la Devoción a la Divina Misericordia, llegando incluso a establecer su fiesta el domingo después del de Resurrección. En muchos de sus exhortaciones, cartas pastorales, audiencias, homilías, etc… ha dado muestras de la importancia fundamental que debe dársele a esta Devoción.   

Benedicto XVI ha infundido profundidad teológica y aliento pastoral al culto y Devoción al Corazón de Cristo. Antes de su elección como Papa ya había perfilado la teología del Sagrado Corazón en varios escritos. Incluye la devoción al Corazón de Jesús entre los elementos esenciales de su encíclica “Deus caritas est” (2006) y también ha expresado el misterio del amor de Dios a través del Corazón traspasado, en la carta conmemorativa de los 50 años de la encíclica “Haurietis aquas” (15-5-2006). Consagró a todos los jóvenes del mundo al Sagrado Corazón en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011.