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Lo que la Iglesia ha Consagrado

“… no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día… y daba gloria a Dios hablando del niño a todos los que esperaban la redención” (Lc 2, 37-38)

Un Templo Expiatorio es una “casa de oración” consagrada para expiar los pecados cometidos contra su Corazón. Por eso la Exposición del Santísimo Sacramento es clave, desde la actitud de adoración se vive el espíritu de reparación. Cuanto más permanente sea la Exposición, más  podrá ser acompañado, consolado y desagraviado. Tú puedes ser “el ángel que le conforta” (Lc 22, 43) en su soledad ante la indiferencia y el abandono de los hombres.

 

 

“La afrenta me destroza el corazón y desfallezco.

Busco compasión y no la hallo; consoladores y no los encuentro”       (Sl 68,21).

 

 

Este templo es un “propiciatorio”, Dios se muestra aquí más favorable que en otros templos para escucharnos, más propicio para atender nuestras súplicas y más afín para derramar su Gracia y Misericordia. Ya desde el Antiguo Testamento Dios escoge lugares, montes y templos donde mostrarse especialmente propicio.

“Día y noche” deberíamos estar cumpliendo la misión de las vírgenes que elevan continuas súplicas a Dios con sus “lámparas encendidas”. Así está reflejado en los dos monumentos de las “vírgenes oferentes” a ambos lados del altar que ponen de relieve esta dimensión propiciatoria a imagen de “la Virgen Oferente” que es la Virgen María (Pablo VI, “Marialis Cultus”).

Podríamos preguntarnos: ¿Quién tiene más responsabilidad de rezar: un religioso o un fiel cualquiera? Los dos deben hacerlo, pero el religioso está más obligado por estar consagrado para ello, así ocurre con este templo consagrado de forma especial por encima del resto. En él se ha de “orar sin desfallecer” (Lc 18,1).

Es “Nacional”. En esta Basílica, Jesús se pronunció por España, asegurando con su Promesa que sería la porción escogida de su Reino en la tierra.

Esto no excluye a otras naciones, sin embargo afirma que lo hará aquí “con más veneración”.

Toda predilección es una encomienda de Dios para ser mediación de su gracia. No se trata de “presumir”, sino de “responder”. En justa correspondencia, España entera debería estar pronunciándose por el Corazón de Jesús, rindiéndole tributo y adoración como confesión permanente respondiendo al compromiso que tiene en la extensión de su Reinado para Gloria suya.

El título “Nacional” unido al de “Expiatorio”, marca la importancia que tiene este lugar para reparar en él, no sólo los pecados del mundo, sino en especial los de nuestra nación. Si “la fuente del Templo” (Ez 47) permanece anegada, anegado seguirá nuestro país, enfermo por el  pecado. Si por el contrario, cumple con su función, “penetrará su agua saneando todo y la vida prosperará a donde llega el torrente” (Ez 47, 9). Esta es nuestra responsabilidad: velar desde aquí, especialmente, por este saneamiento pidiendo perdón, reparando e implorando su Misericordia. 

Por su especial vínculo con la Cátedra de San Pedro debido a su título de Basílica Menor, también es nuestra responsabilidad velar desde aquí por el Santo Padre y por la Iglesia, especialmente la de España, para que Dios la sostenga y no sucumba ante ninguna debilidad humana.

Es un templo dedicado al Sagrado Corazón. Su Corazón Eucarístico es nuestra “piedra angular” (Sal 117) y lo más sagrado, es nuestra “roca de refugio” (Sl 143), el único templo que perdura, mientras que de lo demás “no quedará piedra sobre piedra” (Lc 21,6).  

Esta  devoción no es una más, es “el baluarte donde nos ponemos a salvo” (Sl 143), el medio escogido por el Rey Divino en estos tiempos de materialismo y secularización. Es la devoción principal y por excelencia que tiene que comprender y vivir todo aquel que quiera ser auténticamente cristiano: “En el Corazón de Jesús se expresa el núcleo esencial del cristianismo” (Benedicto XVI). Sus fines: CONSAGRACIÓN Y REPARACIÓN, son los medios poderosos para la implantación de su Reinado en las almas, ya que cuando Bernardo suspiraba al Señor por la extensión del culto a su Corazón, Cristo Jesús, le respondió con la Gran Promesa de Reinar ¡Hagamos pues de ellos nuestra Espiritualidad de vida!